El poeta Mario Trejo, una de las voces mayores de la literatura argentina que atravesó distintas épocas de la producción poética hispanoamericana, murió el domingo por la noche a los 86 años.
Trejo, nacido en Buenos Aires en 1926, fue también un personaje irreverente, irónico, provocador, que hizo de la insolencia y la rebeldía un camino de vida fogoneado por un espíritu siempre joven y alerta, tan presto al diálogo como al debate.
En ese sentido, para nada resulta extraño que su último libro aparecido hace dos años, "Los pájaros perdidos", sea un conjunto de poemas amorosos que resuman erotismo —en una de sus imágenes, escribe: "Y entre los labios de la noche/ Espía el número del sexo"— por medio de un lenguaje que alterna el coloquio urbano, los paisajes oníricos y un aire de crónica.
El itinerario del Trejo trasgresor lo ubica en el cruce entre los poetas reunidos alrededor de la revista surrealista "Letra y Línea", los "invencionistas" nucleados en la revista "Poesía Buenos Aires", los artistas del Instituto Di Tella y los "concretistas" brasileños.