El año finaliza de la mejor manera para el joven escritor ya que Emecé editará “Tiene que ver con la furia”, novela escrita en coautoría con Andrea Stefanoni, a quién define como su cómplice y su amiga. Mey este año tuvo un viaje por La Rioja para hablar con lectores que para él significó mucho: “Me devolvió el gusto por viajar, por encontrarme con cosas que valen la pena y no estar encerrado esperando escribir, también hay que vivir”, afirma el escritor.
¿Cómo nace la posibilidad de reeditar Los abandonados?
La segunda edición nace porque la primera tuvo un sorpresivo éxito, por supuesto que no lo esperaba. Un gran trabajo de las chicas de Factotum que lo hacen todo a pulmón. Mucha gente siguió pidiendo el libro, nos mandaban cartas, diferentes tipos de reclamos hasta que decidieron probar con la segunda edición. Todavía continúa el boca a boca, lo cual me sorprende mucho después de tres años. Espero que siga así. Aunque la distancia con el libro ya es mucha, lo lindo es ver que sigue vivo y que la gente con sus comentarios le van dando una nueva tónica que yo no pensaba que tenía. Escribí la novela sin pensar que la iba a publicar, lo cual lo hace mucho más rico. Siempre un escritor tiene que escribir pensando en que no lo va a publicar y eso lo hace más puro. Por eso también a Las garras lo escribí antes de publicar. Dije, lo tengo que escribir ahora porque después voy a estar condicionado por las visiones de lo que pase. Por suerte todavía no siento ese condicionamiento.
¿Por qué la novela recibe el nombre de Los abandonados?
Porque son personajes abandonados de sí mismos más que por todas las instituciones en todas sus formas. Saben que no cuentan con nada y una vez que no cuentan con nada deciden no contar consigo mismos tampoco y hacen lo que quieren y lo que quieren es muy fuerte. Improvisan. Ese es el significado más fuerte de estar abandonados. No tener sueños, despojarse incluso de sus propios sueños. Ser libre es estar abandonado y eso es lo más puro del texto. De alguna manera son simpáticos porque no necesitan nada y aquello de lo que se quejan que no tienen, ellos son los primeros en destruirlo.
¿Cómo trabajaste la dureza con la que uno se encuentra en el libro?
Por suerte no la trabaje, la dejé ser. Una vez que uno tiene el tono, que el tono es bastante fuerte, decide ver hasta dónde puede llegar en sus tropiezos sin morir en el intento. Y esa decisión es justamente la trama. Es decir, ver hasta dónde puede llegar. Por eso es fuerte tal vez, porque el tono lo permitía. Desde el tono uno pone los propios límites.
Tus dos libros fueron reeditados y recibieron numerosos halagos, ¿te imaginabas que iba a pasar eso? ¿Qué repercusiones tuviste?
Uno se imagina positiva y negativamente las cosas. Cuando me las imaginaba positivamente pensaba que iba a publicar en China con dos millones de ejemplares, cuando pensaba negativamente pensaba que a los dos días moría. Se dio algo mucho más lindo, lo que no esperaba. Lo único que tengo que hacer es escribir, lo otro se va a dar de una manera totalmente ajena a mí. Si no esperás nada te vas a sorprender de forma grata. Me dejó hermosos análisis que nunca hice y a la gente le gusta tener sus pensamientos sobre la obra que completan lo que yo nunca puse. Pero está ahí, ellos lo encuentran y como lo encuentran, lo completan. Es lo que no hago yo. Dejo una puerta abierta. Mucha gente encontró cosas geniales, que no me esperaba. Me dejó esa paz que encontré mucho tiempo atrás cuando sabía que escribía algo que tal vez le estaba pasando a alguien de alguna manera. Hubo gente que me dijo que Las garras era una historia muy divertida cuando yo creía que era durísima. Gente que creyó que Los abandonados era muy humorística aunque yo creía que era cruda en el sentido de lo sexual y que se identifican con ellos aunque no eran parecidos a los personajes. Y está bueno que se identifiquen con gente con la que no tienen nada que ver.
¿Con qué obstáculos te encontraste al momento de escribir un libro de a dos junto a Andrea Stefanoni?
El primer obstáculo es el más complicado pero por suerte conté con una coautora que es brillante y propuso, y a lo cual adherí al cien por cien, terminar el trabajo que empezamos, sin importa lo que pase. Si la novela termina siendo una porquería la terminamos igual. Resulta que con ésta máxima logramos trabajar tanto el texto que salió genial, muy dinámico. Es un paradigma de nuestro tiempo, de todos los problemas que atraviesa la gente común. Viajar hacia su trabajo, todos sabemos que esa hora hasta el trabajo es terrible. Esperar un mensaje de texto que nunca llega. Trabajar, dar tu tiempo para ganar el pan de todos los días y llegar agotado para ver qué podés hacer además para llegar un poco más lejos, pero sin olvidar que estás muy cansado. Las familias que constan de padres que vienen de otro tiempo, que podían comprar con esfuerzo sus casas, que tienen otros principios y que chocan con esta nueva generación. Todo lo que hacen tiene que ver con la furia. Pasamos tanto tiempo furiosos con un montón de cosas que no nos damos cuenta de que la sensación que tenemos, tal vez no es furia, tal vez es otra cosa y de eso va a hablar el libro, por supuesto. Utilizamos para empezar el texto una frase de Anaïs Nin que dice “No vemos las cosas como son, las vemos como somos”, de eso trata también la cosa. En algún momento todo lo terrible que nos pasa a todos va a tener que tener una visión, puede ser más terrible o tal vez nos podamos tomar un poco más a la ligera lo que sucede.
¿Cómo hicieron para que no se notara la diferencia de escritura entre dos personas distintas?
No parece que escribieron dos personas sino que son dos personajes pero parece escrito por una persona. El buen escritor encuentra los personajes recién después de haberlos creado. Nosotros sencillamente fuimos escribiendo y se fue dando una telaraña. Nos enganchamos a trabajar antes que a ofrecer esquemas de trabajo, lo cual es mucho más sano porque es la idea de crear, no saber con lo que te vas a encontrar. Se dio una química de querer encontrar algo y como queríamos, lo encontramos.
¿Cuál fue la imagen disparadora?
Siempre hablábamos de texto hasta que Andrea tira la idea de escribir algo juntos y como todas nuestras locuras pasan por ese lugar dijimos por qué no? Así empezaron a salir páginas, teníamos un par de cuentos por separado y ya teníamos un material con eso porque tenían relación. Fuimos trabajando y entre los dos nos dimos máquina para no abandonar nunca. Una vez que terminamos, nos pusimos a corregir. Cuando son dos corregís mucho más, siempre alguien tiene algo para decir y terminamos puliendo mucho al texto.
¿Cómo se da la posibilidad de editar con Emecé?
Fuimos a tocar puertas nosotros y un muy avispado Mariano Valerio, gran editor de Planeta y ex librero, se tomó el tiempo de leer el texto como pocos editores lo hacen y aceptó. Simplemente porque lo leyó, a veces nuestro miedo con los editores es que no lo lean y encontramos uno que lo hizo. La novela sale en marzo por el sello Emecé, de Planeta.
¿Con qué se va a encontrar la gente compre el libro de ustedes?
Se va a encontrar con lo que nos gusta a nosotros, se va a estar riendo de situaciones terribles. Se va a estar sintiendo identificada con cosas que no va a querer sentirse identificada pero eso le va a sacar una sonrisa. Se va encontrar queriendo cambiar algunas cosas en la vida de los personajes, gritándoles que no hagan ciertas cosas. Van a encontrarse con un diálogo de ida y vuelta entre lector y texto que va a estar bueno porque se trata de escuchar una voz que le está hablando al lector y el lector va a querer opinar y va a dejarse arrastrar por las sorpresas que va a tener con cada situación. Esas cosas me gustan, cuando sientan que intervienen con su voz mientras lo leen pero por supuesto no tienen otra cosa que hacer, no tienen opción más que liberarse a la trama, entregarse a ella. Sé que nos van a contar mucho qué les pasó mientras lo leyeron. Me gusta hacer textos que tengan la posibilidad de una devolución. Que el lector después complete el texto.
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