Milanesa Napolitana 

Los reyes del ritmo

 
  • SLT
por Gustavo Nielsen
La prohibición de escupir en el suelo del colectivo era obsoleta a mis ocho años. Sin embargo, la leyenda siguió pintada durante muchos años más. Ya nadie escupía en el suelo, a lo sumo los tipos abrían las ventanillas y escupían para afuera.

Había otras prohibiciones, me acuerdo. Una estaba dirigida a las madres y a los hermanos mayores. “Prohibido sacar los brazos por las ventanillas”. Los niños que hacen eso no saben leer. En el rubro aberturas también había un recordatorio climático de que en el micro viajaba mucha gente. “Prohibido abrir las ventanillas en época invernal o de baja temperatura”. Y si usted tiene calor, doña, jodasé porque hace frío. Estas vedas vidriadas han sido bajadas de los letreros, tal vez porque ahora en el 37 se viaja con aire acondicionado, y el objetivo es que dentro de muy poco en todos los bondis se viaje con la misma comodidad.

La prohibición de no fumar, extensible al chofer —“cúmplala y hágala cumplir”— es la más pasada de moda, porque ya no se puede fumar prácticamente en ninguna parte de la ciudad. La sugerencia de ceder el asiento a mujeres embarazadas, con bebés o personas de edad, continúa convertida en obligación. Antes era si querías. Ahora, si te sentaste en los asientos reservados, te tenés que levantar. Y te estoy hablando a vos, que te hacés el dormido.

Hay una prohibición que desapareció y estaría muy bien que la pusieran de nuevo, afianzándola en ley. No sé quién habilita estas normas, si la CNRT o la Secretaría de Transporte. La veda que nombro está referida al control de ruido durante el trayecto.

Las radios a válvula eran difíciles de trasladar. Por lo pesadas, por lo grandes, por lo frágiles. Eran muebles alrededor de los que se reunía toda la familia a escuchar la radionovela de las cuatro o el partido de los domingos. No había que mover estos muebles estando encendidos, porque los mecanismos tenían que enfriarse antes. Cuando las válvulas se cambiaron por los transistores, las radios disminuyeron aparatosamente de volumen y se hicieron transportables. La gente podía caminar y escuchar. Estaba el audífono, pero… ¿cómo ibas a “darte corte” escuchando bajito? Que todo el mundo se entere de la música que te gusta, del club por el que hinchás, del equipo electrónico que te compraste. Al final hubo que prohibir el uso de radios a transistores a volumen abierto durante los viajes.

No cuesta mucho imaginarse ese panorama de ruido y confusión, porque hoy pasa lo mismo con los teléfonos móviles. La gente no utiliza auriculares, y a veces los utiliza pero con la música tan alta, que igual se escucha. Y nunca es Mozart. Siempre chingui chingui del peor. Digo: que cada uno escuche lo que quiera, pero que lo haga en privado.

La sala de lectura de la Biblioteca Laurenciana de Florencia, diseñada por Michelangelo Buonarroti, tuvo (y tiene) apenas unos pocos libros. Cada libro es un mueble, porque antes los libros eran enormes, pesadísimos, y había un sólo ejemplar por original. Son, simplemente, manuscritos de tapa dura realizados en los conventos, fijados con tornillos sobre atriles de madera maciza. A nadie en su sano juicio se le ocurriría llevarse uno de esos socotrocos a su casa.

Con Gutemberg los libros se multiplicaron por miles y se pudieron llevar en el bolsillo, en el colectivo. En el viaje de hoy hasta mi estudio empecé la última novela de Bernhard Schlink. Sin embargo, no la leí en voz alta.

El uso de auriculares es un problema cultural. Así como en los sesenta había que enseñarle a la gente a que no escupieran en el suelo o escucharan con audífono sus Spikas, hoy deberíamos volver a sugerir que se pongan auriculares o apaguen para siempre la música de los telefonitos. Bastante hay que aguantar conversaciones a los gritos, porque “no tengo buena señal, ahí te oigo un poco mejor, ¡hablá fuerte!”. Uf.

  • Facebook
  • Twitter
  • E-mail

El club de los Nobel: Vargas Llosa y Müller

Las comparaciones sobre escritores abundan en los medios y se multiplican en la web: parecen estar fabricadas de antemano como las necrológicas. Sin llegar todavía a ese extremo, en la Expo Guadalajara, en noviembre del 2011, se dio el caso de Herta [...]

Canto vigésimo primero

Así, de puente en puente, hablando
de cosas que a mi Comedia no la ocupan,
fuimos, y alcanzamos la cima cuando

paramos para ver la otra fisura
de Malebolge y los otros llantos vanos;
y la vi, maravillosamente oscura.

Como en el arsenal de [...]

El humo de Baker Street

En su poema “Sherlock Holmes”, Borges describe minuciosamente al célebre vecino de Baker Street. Habla de su lupa, de las encendidas ramas que atiza en su hogar y de sus costumbres; pero no menciona a sus pipas. Un olvido tal vez involuntario. Si [...]

Crónicas de la bizarría argentina

“Comprendió que un destino no es
mejor que otro, pero que todo hombre
debe acatar el que lleva dentro.”
(Biografía de Tadeo Isidoro Cruz, Jorge Luis Borges)

El heroísmo, la entrega desinteresada, en nuestro país, están subestimadas. Son [...]