Makarovic nació en Eslovenia en 1939. A la manera de una Casandra de los Cárpatos, con su poesía intenta desenmascarar la hipocresía de la sociedad en la que vive y representa las verdades que nadie quiere oír.
La traductora, poeta también, Julia Sarachu, en diálogo con Télam aseguró que "la obra (de Makarovic) trabaja sobre elementos de la poesía y la nación popular yugoslava", y que esa es la razón de que "muchos de los poemas en lengua original tienen rima y juegos sonoros".
La escritora además es actriz, cantante, dibujante y directora de teatro, para adultos y niños, incluso en el rubro títeres; estudió pedagogía, especializándose en el adiestramiento de niños con capacidades diferentes.
La edición que ahora se conoce en la Argentina es una antología especialmente seleccionada por la autora, que atraviesa diferentes momentos de su obra, desde los comienzos a la actualidad.
"Nosotros vamos por el mundo,/uno a otro nos hacemos daño,/uno a otro nos hacemos daño,/el mundo es así", escribe Makarovic, para quien el otro siempre es uno y otro, siempre extraño, cercano y lejano.
"La poeta", dice Sarachu, "transparenta en su obra una imposibilidad de dar a los objetos su denominación adecuada", un poco como ese desplazamiento que hace que las palabras y las cosas jamás coincidan.
Claro que hay un recuento mayor que escapa a la voluntad y al deseo, "como una especie de sistema existencial inherente a los seres animados, armonioso e inconsciente y que nos impulsa a durar y permanecer", dice su traductora argentina.
Makarovic "es precisa cuando habla de las cosas que terminan, asigna a cada elemento, objeto o persona un lugar específico, aunque su arte poética nada tiene que ver con lo religioso. Es profundamente anticatólica". Y acaso algo panteísta.
"Si voy por este camino,/no voy sola,/conmigo va, lo que vieron/mis ojos.//El viento sopló/desde allá,/quizá te busque a vos/entre la gente.//Despedirse/de todos los dolores,/crecí entre ellos,/con dificultad los dejo", puede leerse en "Campanas".
En rigor, la poeta reelabora los temas de la cultura popular eslava de matriz precristiana, desde un realismo extremo, fruto amargo de las guerras mundiales. De esta manera recupera cierta función social del vate en las sociedades cerradas, cuando el socius se convierte en interlocutor privilegiado.
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