El volumen, plagado de notas a pie de página que más tarde formarían parte del texto definitivo, fue un regalo personal de Borges al periodista, entonces asesor de la BN, en 1955.
El conjunto de notas permite apreciar, como una segunda voz, el trabajo del editor. Se sabe que a instancias de José Edmundo Clemente, Emecé comienza a editar en 1952 las Obras completas de Borges.
La segunda edición de Historia... aparecería en 1953, y este ejemplar sirvió de base para ese trabajo e incluye, además de las correcciones mencionadas, textos dáctilo-escritos de los dos ensayos agregados para esa oportunidad.
En diálogo con Télam, García Lupo dijo que el ejemplar "fue un regalo de Borges. Se lo pedí. Era una devolución de la primera edición (estaba por salir la definitiva). Yo elegí el ejemplar anotado. El no tuvo ningún problema".
Y agregó que "es muy interesante ver cómo trabajaba Borges, cómo iba agregando, cambiando, alterando, corrigiendo los textos; cómo eliminaba lo que con el tiempo iba considerando superfluo, o muy infectado de criollismos".
"El libro tiene 45 cambios. Podría decirse que este es un segundo original, porque tiene la letra manuscrita de Borges. La edición de 1953 incorpora dos textos que no estaban en la edición de 1936, la que tengo yo".
Pero ya es hora. "Este ejemplar estuvo en mis manos unos 55 años. Y por la edad que tengo, creo que es hora de que puedan acceder al libro estudiosos y curiosos lectores. Y así también lo decidió la Biblioteca Nacional", completó García Lupo.
Por su parte Maite Obieta, nieta de Macedonio Fernández e hija de Adolfo de Obieta, concedió que la lectura de la obra publicada de su abuelo "es una experiencia alucinógena".
"Estos eran papeles que encontré en una caja fuerte que hacía años nadie revisaba. Había muchísimo material. Muy poco estaba revisado por mi papá. El resto era desorden. Estoy tratando de ordenarlo", contó a este medio.
En rigor, "son anotaciones, notas que un escritor toma, notas sueltas que después desarrolla en forma de textos largos. ¿Usted escribe? Bueno, sabrá que los escritores toman notas. Y Macedonio no era la excepción".
La nieta del autor de Papeles del recienvenido agregó que "todavía hay muchísimo material sin clasificar... incluso se habla de una obra de teatro, que sería excepcional en mi abuelo".
"Lo que yo sí me ocupé fue de ordenar una parte, esta que quedará en la Biblioteca Nacional, y de separar lo que no sirve, por ejemplo, las notas que tomaba como abogado, Macedonio era abogado, pero eso no tiene ningún interés literario".
Entre el nuevo material adquirido "también existen algunas cartas, esbozos de novelas, pero fundamentalmente anotaciones que podían terminar en cualquier formato. Podemos decir que la lectura de mi abuelo es una experiencia alucinógena", reiteró.
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